El vampiro, la empresa y el líder

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Los jefes Vampiro son más comunes de lo que la gente se cree.

Eppo Cardelo

Eppocalipsis

 

Viendo el título de esta historia todo nos podría llevar a pensar que o bien podría formar parte de una novela de terror o que es una clara advertencia que nos alerta sobre ese compañero de empresa que nos mira raro y que de lo pálido que es, muestra síntomas sospechosos de no acercarse mucho al sol y de  vivir entre las sombras de la noche, o es que y quizás, lo que simplemente pasa es que es un tipo “rarito” y no le gusta la playa…

En este mundo cada vez más extraño todo es posible ya que en este planeta conocido, hay tantos enigmas desconocidos por descubrir, que nos sigue sorprendiendo encontrarnos con vampiros a los cuales no solo, no les afecta la luz del sol sino que además conviven entre los humanos creyéndose intocables ya que ni la plata puede acabar con ellos, es más adoran la plata por encima de todas las cosas, ya que  no solo les permite sobrevivir, sino alcanzar un mayor poder en su entorno.

Si amigos, si, existen los vampiros, pero no son de los que te chupan la sangre y tienen la capacidad de convertirse en murciélagos, al contrario de lo que puede parecer, ellos, los vampiros de la empresa, son aquellos personajes que convertidos en Jefes (por la gracia y decisión de consejos de administración ciegos y eficazmente inoperantes) son “Devora- hombres y mujeres” porque exprimen las capacidades de los profesionales de su entorno haciendo que todos acaten sus órdenes sin cuestionar si son buenas o malas, sin importarles que los profesionales acaben cansados, desmotivados y dejen de ser lo productivos que son, al dejar de sentirse importantes en la empresa, lo que les lleva a que hartos del jefe-vampiro, su objetivo inmediato sea el de cambiar lo más pronto posible de compañía.

Pero… ¿Cómo es posible que  en pleno Siglo XXI y en la era de la comunicación y el conocimiento, que aún existan empresas que tengan en nómina a ese perfil de trabajador (El jefe que no cuida de su equipo, lo maltrata y se comporta como un cacique que crea mal ambiente en la compañía) que tanto daña a su propia estructura?

¿Amiguismo? ¿Miedo al cambio? ¿Imposibilidad de poder pagar indemnizaciones altas al dejar de contar con los servicios de los jefes- vampiro? ¿Es una cuestión de dinero o una cuestión de falta de cultura empresarial?

Que necesitan las empresas… ¿Jefes tóxicos e inoperantes de la vieja escuela que no han cambiado los viejos sistemas de comunicación interna (ninguna comunicación) y de desarrollo de proyectos? o ¿Lideres Senior que tienen la gran experiencia, madurez y preparación para liderar  y cambiar los sistemas para hacer empresas punteras y de futuro?

 

¿Que necesita el mundo?… ¿Jefes o líderes?

 

En primer lugar lo primero que tendríamos que saber es ¿qué es un líder? Según lo que nos dice sobre su definición el diccionario de la Rae (Real academia española de la lengua), líder (o lideresa) es;

  1. m. y f. Persona que dirige o conduce un partido político, un grupo social u otra colectividad.
  2. m. y f. Persona o entidad que va a la cabeza entre los de su clase, especialmente en una competición deportiva.

¿Cuál de estas dos aseveraciones sería la correcta? Las dos por supuesto, pero si yo tuviera que quedarme con una elegiría la segunda. ¿Por qué? Pues porque es con la que más me identifico y es “bajo mi punto de vista”, la que más se acerca a mi idea y concepto de lo que tiene que ser una persona que acepte la responsabilidad de ser un líder.

Si, lo habéis leído bien, he dicho “acepte la responsabilidad”, porque  el liderazgo no es algo con lo que se haya nacido o por lo que se pueda pagar para aprender y conseguir con un curso y un título. El liderazgo es otra cosa. El liderazgo es la capacidad de generar confianza en quienes te rodean, una confianza que se fusiona en un mestizaje único, con la sabiduría, el conocimiento, los valores, la capacidad comunicativa, la asertividad , pero sobre todo…la humanidad.

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El líder es el primero en dar ejemplo.

 

Son muchas las cualidades que forman parte y de manera inherente de la personalidad de un líder, pero creo que las que más identifica la capacidad de liderazgo de una persona, son la disposición para tomar decisiones, asumir riesgos y aceptar con naturalidad la responsabilidad de su resultado, pero sobre todo y la que más aprecio de todas ellas y que anteriormente he nombrado como segunda definición de la RAE sería.

“La consciencia del líder de reconocerse como uno más de entre los de su clase”

Así es. El verdadero líder no se ve a sí mismo como un ser superior a otros, ni se siente un privilegiado por ser quien toma las decisiones y que bajo su mando, el resto del grupo obedezca. El verdadero líder reconoce un proyecto, lo estructura y lo dirige en base al convencimiento de que es la mejor manera de conseguir el éxito, pero lo hace apoyándose, colaborando y contando con los conocimientos, sabiduría y experiencia de su equipo, confiando y delegando responsabilidades, compartiendo ideas, trabajo, riesgos y esfuerzos en pro del bien colectivo.

Entonces… ¿Una persona nace siendo líder o se prepara durante años para serlo? Bien, en primer lugar hay que tener claro que un líder es una persona, es un ser humano con el que podríamos cruzarnos en la calle y no sabríamos distinguirlo de entre otras personas.

Un líder puede llevar traje y corbata o un mono sucio de trabajo. Pueden ser hombres y mujeres esbeltos y atractivos, altos o bajos, feos o guapos, gordos o delgados, pero ninguna de esas características son necesarias para ser un líder.

Un líder es otra cosa. Un líder siente y percibe su entorno como los demás, vive como los demás, le invaden las inseguridades, los miedos y las dudas como a los demás. Un líder ama, ríe y también llora, se cansa y tiene, como podemos ver en “La pirámide de Maslow” (teoría propuesta por Abraham Maslow en su obra “Una teoría sobre la motivación humana” (A Theory of Human Motivatión) de 1943, las mismas necesidades físicas, fisiológicas y mentales como cualquier otro ser humano. Pero esa persona, el líder, quien se realiza a sí mismo y lo trasmite a los demás, se caracteriza sobre todo por su determinación.

 

“Un líder no solo ha de querer serlo, sino que además debe poder serlo”

 

Un líder es el resultado de una trayectoria de éxitos y de fracasos, de pérdidas y de ganancias, de experiencias y de conocimiento. Un líder capaz de dirigir a un grupo indeterminado de personas y a la vez un proyecto que implique y afecte a ese u otro grupo humano, es una persona que no solo aporta su enorme experiencia vital y profesional pasada si no que es capaz de conocer, valorar y  asimilar las experiencias de otros para percibir la idoneidad de aplicar esas experiencias o no, como parte también de su aprendizaje y aplicación de su liderazgo.

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¿Puedes serlo?…entonces ¡debes serlo!

 

“Un líder es el primero en saltar un obstáculo y el primero en ayudar a salvarlo a los demás”

 

Un líder genera confianza, admiración y respeto porque es el primero en asumir los riesgos y es el primero en mostrar con humildad sus capacidades y con ellas, el convencimiento y determinación en la toma de decisiones, porque un líder se sabe capaz y no tiene miedo en demostrarlo. Como dije hace un tiempo “Un líder es el primero en saltar un obstáculo y el primero en ayudar a salvarlo a los demás”.

Pero un líder no se muestra si no tiene una misión o un proyecto que liderar.  Uno de los grandes problemas que acecha a las medianas empresas, lo que podríamos llamar “Empresas de origen y corte familiar” es el de la profesionalización de su estructura dirigente y cuadros intermedios.

Para los profesionales que llevamos muchos años en el mercado laboral, no nos resulta extraño encontrarnos con  medianas empresas  cuyas facturaciones son bastante interesantes (De 30 a 50 millones de euros anuales), pero que no han dado el paso de profesionalizarse contratando a personal contrastado y cualificado, mientras son dirigidas y gestionadas por miembros de la propia familia que en muchos casos (no en todos por supuesto), ni tienen la preparación ni los conocimientos profesionales necesarios o idóneos para liderar el puesto de trabajo que ejercen, ni están lo suficientemente motivados ni saben aplicar (como directivos) la inteligencia emocional para dirigir un proyecto.

Por ese motivo (y por algunos cuantos más), muchas de estas empresas familiares no tienen un proyecto estructurado y definido sobre cuál es el objetivo final dela empresa.

 

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Los éxitos del pasado no son la garantía de éxitos futuros.

 

Sí, es cierto de que para muchos de esos propietarios gestores de sus empresas, su proyecto inmediato y el sentido de su existencia como empresa es “vender, vender y vender….para después seguir vendiendo y no dejar de vender” pero claro… ¿Y después de la venta qué? ¿Hay un proyecto presente y de futuro que haga viable la empresa? ¿Hay un proyecto o un plan que se estructure en la supervivencia de la empresa a largo plazo? ¿Hay alguna directriz establecida para modernizar la empresa y su sistema de implantación en el mercado? ¿Hay planes de contingencia para una eventual crisis sin tener que quitarse de en medio a la mitad de la plantilla? Y sobre todo…. ¿Hay una norma establecida que diferencie el ser propietario de una empresa a ser un directivo cualificado para dirigirla?

No, eso no suele ser así, de hecho la empresa familiar en España suele estar dirigida por miembros de dos generaciones de la familia; La primera, como líderes fundadores de la empresa y posteriormente sus hijos o herederos que es la siguiente.

La gran mayoría de empresas en las que coexisten la primera, la segunda e incluso la tercera generación, han tenido el éxito de mantenerse en el mercado sobreviviendo a las muchas y duras crisis que ha vivido España en estas últimas décadas, pero… ¿El éxito que tuvo el abuelo o el padre, es el mismo que van a tener los hijos?, o lo que es lo mismo y lo diré claramente ¿El hecho de ser hijo y nieto de un capacitado empresario y profesional de éxito es sinónimo de que los herederos sean también  profesionales capacitados?

Estoy convencido de que no. Lo cierto es que en el mundo profesional del siglo XXI  se exige cada vez más, que las personas estén cualificadas en muchas materias (sobre todo en los cargos técnicos y de dirección) y sobre todo se exige a los futuros líderes, que sepan reconocer con rapidez, las debilidades y las fortalezas de su entorno laboral para  diseñar planes globales de actuación que lleguen a todos los departamentos de la empresa, para  generar con eficacia los  proyectos y  estrategias de implantación, consolidación y expansión de la empresa, implicando a todo el personal de la misma en todos los procesos productivos y motivando en ellos, la conciencia de pertenencia al grupo y la importancia de su aportación a la compañía.

 

Todo este diseño empresarial, se puede aplicar eficazmente desde el liderazgo si desde el núcleo directivo de la empresa se aportan y muestran con toda claridad y sin restricciones dos partes fundamentales del principio de un proyecto de liderazgo exitoso, como son:

  • El flujo de información y comunicación.
  • La calidad del flujo de la información y comunicación.

 

Para tener una visión global de la empresa hay que saber distinguir y separar (Aunque estén absolutamente relacionadas) cuales son las estructuras de la empresa y como cada estructura o nivel de la misma interactúa y se desarrolla con el resto de los niveles de la compañía.

Todas las empresas (aunque en ellas todavía existan directivos que aún no lo entiendan)  funcionan en un sistema de red en la cual, los profesionales, actúan a modo de nodos que se entrelazan los unos a los otros mediante unas líneas invisibles que  interactúan como múltiples enlaces bidireccionales, por donde discurre la información y la comunicación y por donde se aplican los planes de acción de la empresa.

Una información errónea basada en una comunicación poco fluida o inexacta, en cuanto al contenido de los datos, es una de las grandes fuentes de problemas con los que las empresas se enfrentan, algo que desde un liderazgo fuerte y estructurado se evita y se corrige. Para ello, el líder debe aplicar su liderazgo de manera horizontal, trabajando “Junto” (implicado personalmente en el proyecto) y no “Desde” (marcando distancia), rompiendo de una vez por todas con el caduco, ineficaz y elitista “Liderazgo vertical”, algo que se aplica cuando la visión profesional es dirigir los proyectos y los equipos profesionales desde el erróneo punto de vista de lo que aún se conoce como “Jefe”.

¿Qué es lo más beneficioso para una empresa? ¿Un jefe que todo lo fiscaliza y lo quiere tener controlado o un líder que trabaje junto a su equipo y delegue responsabilidades y trabajo basándose en la confianza?

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El jefe manda desde la distancia… el líder se implica 100% con el equipo

 

Si algo está cambiando en las empresas de todo el mundo y sobre todo en España, es que poco a poco se está acabando con el paradigma en que la filosofía de trabajo se basaba simplemente en trabajar y ofrecer un servicio al cliente. Ahora la dinámica de las modernas empresas del mundo desarrollado, inciden en profesionalizar los sistemas de trabajo y en ofrecer una experiencia al cliente basada en la confianza y el servicio de calidad global. Por ese motivo las empresas actuales están desechando cada vez más la idea de contratar a “Controladores o Jefes tipo perros de presa” que ejerzan un control férreo sobre los sistemas de trabajo y los profesionales, para contratar a líderes que actúen como “desarrolladores de proyectos eficaces” que generen no solo confianza y Reputación Social de Marca en la empresa (RSM), si no que sean generadores de profesionales motivados, implicados y felices, porque un equipo implicado y motivado genera siempre grandes beneficios, económicos y sociales.

Veamos una serie de acciones que diferencian lo que es ser un “jefe” a ser un “líder”.

 

 

DIFERENCIAS ENTRE UN JEFE QUE MANDA CON UN LÍDER QUE SE IMPLICA:

 

 

  • Un jefe cree y asume que tiene un puesto superior a los demás porque se lo merece o se lo ha ganado él solo a base de esfuerzo.

Un líder está convencido de que si ha llegado hasta ahí es porque ha tenido junto a él, a un equipo que ha confiado en él y le ha ayudado a implantar sus sistemas o proyectos aportando también sus conocimientos, agradeciendo el puesto y responsabilidad que desarrolla como privilegio de confianza de su equipo y la dirección de la empresa.

 

  • Un jefe impone el criterio de su conocimiento aunque no sea el más acertado.

Un líder consulta y se apoya en su equipo para conocer la realidad de lo que ocurre interna y externamente para trazar un proyecto real  liderando el desarrollo del mismo.

 

  • Un jefe impone su valor a través de la autoridad.

Un líder se gana el respeto, la lealtad, la admiración y la confianza de los demás, compartiendo la información y el conocimiento, atendiendo al equipo y contando con sus aportaciones en todos los procesos, motivándoles a compartir  sus opiniones respecto a los proyectos que se van a realizar.

 

  • Un jefe utiliza el miedo, la amenaza o la falta de seguridad como una manera de dividir al equipo y afianzar su autoridad.

Un líder une, aporta  fuerza, confianza, lealtad y la seguridad de quien siempre estará en los buenos y malos momentos.

 

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Ser líder es saber mostrar gratitud en público y saber guiar en privado

 

  • Un jefe exige que se sigan sus indicaciones sin que nadie se cuestione si son las correctas o no.

Un líder promueve que su equipo desarrolle la capacidad de cambio, la capacidad de adaptación y transformación, motivando al equipo en la necesidad de modificar las ideas y los proyectos en tiempo real, para hacerlos más ágiles y efectivos, informando de los cambios (si la necesidad lo requiere) incluso de manera posterior de haberlos realizado, entendiendo que lo importante no es ni la directriz primigenia ni el plan establecido, si no la capacidad efectiva y rápida de adaptación a los cambios imprevistos para cumplir con la efectividad del proyecto y el éxito del grupo.

 

  • Un jefe denuncia y evidencia los errores de los empleados ante todo el mundo.

Un líder reconoce sus propias equivocaciones y por eso reprende en privado y felicita en público.

 

  • Un jefe distribuye las tareas a realizar sin equidad a la espera de ampliar su cuenta de resultados y sin analizar la complejidad o no de cada tarea referente a cada uno de los miembros de su equipo.

Un líder desarrolla un programa conjunto  de apoyo y colaboración entre el equipo para conseguir los objetivos, ofreciéndose  e implicándose en cada uno de los procesos de cada uno de los miembros del equipo para  aportar seguridad, fuerza y apoyo, demostrando la unión para conseguir los objetivos que la empresa necesita.

 

  • Un jefe observa y trata a cada empleado como un número que tiene unas obligaciones sin plantearse la singularidad de su trabajo.

Un líder conoce las fortalezas y debilidades de su equipo y aporta estímulo y apoyo emocional y material para que los miembros del equipo que lo necesiten, se superen y consigan sus objetivos con absoluta seguridad.

 

  • Un jefe manda desde la distancia, apartado del equipo y sin implicarse en él.

Un líder acompaña a su equipo en los retos, formando parte activa del proyecto desde el principio al fin, participando y trabajando activamente la estrategia que puede llevar a  la derrota o a la victoria, pero siempre junto a su equipo.

 

¿Podemos reconvertir a los obsoletos jefes en renovados líderes?

 

Lo cierto es que las empresas cada vez están más necesitadas de líderes que de jefes, lo cual deja el camino expedito para que no solo se actualicen y modernicen los sistemas de trabajo, si no que se contemplen los proyectos empresariales como sistemas globales que tiene que llegar a todas las estructuras de la empresa, y eso no se puede hacer con una organización rígida en la dirección, con la idea de “ordeno y mando”, sino más bien con sistemas adaptativos capaces de dilatarse sin perder la esencia pero que se amolden y encajen en todo momento a las necesidades del mercado y la empresa.

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Un líder consigue que su equipo no solo vaya a trabajar, sino que “Desee ir a trabajar”

 

Por ese motivo, el liderazgo es la clave  para que cualquier empresa, pequeña, mediana o grande se afiance en el mercado o en los mercados globales del siglo XXI. Para ello necesita contar con profesionales capaces de asimilar los cambios y aportar experiencia y conocimiento, sin pensar en el liderazgo como un puesto de autoridad a la antigua usanza, aplicando nuevos procesos y sistemas que generen un cambio de  actitud, incidiendo en la necesidad de conocer y entender la psique del equipo para alcanzar la excelencia y el éxito.

 

Un líder consigue hacer y sentirse líderes a todos los miembros de su equipo, porque a todos ellos los hace importantes e imprescindibles.

 

Para ello, debe conocer y comprender lo que significa la inteligencia emocional y aplicarla, y no solo desde el punto de vista de la empatía, sino también desde el conocimiento profesional de las debilidades y fortalezas de cada uno de los miembros del equipo, incluyendo al cuerpo directivo y a cualquier persona que forme parte de la empresa y sus diversos departamentos, desde la recepción, pasando a administración o almacén, ya que conociendo todos los resortes, aspectos y sistemas de trabajo de todos los empleados que componen la compañía, es cuando el liderazgo  se puede aplicar con efectividad al hacerse una composición  más realista de la estructura y el funcionamiento de todos los resortes de la empresa, lo que hará aflorar, las fortalezas,  necesidades o carencias que existen dentro de la compañía y que afectan en muchos casos, al rendimiento y  la efectividad de los procesos internos y externos del equipo de trabajo, poniendo después el énfasis en la personalidad y necesidades de todos y cada uno de los miembros del equipo y  en lo acertado o no sobre la forma en que  se desarrolla su trabajo. Para el líder, el equipo lo es todo.

 

El futuro está en los líderes.

¿Eres uno de ellos?

 

Eppo Cardelo

 

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