MI ÉXITO… HUELE A FRACASO

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Eppo Cardelo

Eppocalipsis

 

Mi nombre es Eppo Cardelo y si… he luchado, he triunfado y también fracasado, he caído, he aprendido y me he curado mis heridas, pero incluso  y sobre todo en la derrota…

 

“Siempre he estado ahí”

 

La suerte o la desgracia, según se mire, de ser un profesional disciplinado, emprendedor y luchador, algo que por supuesto no te hace ser mejor que nadie, es que con el tiempo y a base de éxitos y fracasos (mucho más de esto último) adquieres una  interesante sabiduría y una no menos valiosa experiencia que no se basan en; “Cómo hacer las cosas bien para alcanzar el éxito”, sino en:

 

“Como no hacerlas mal, para que tus proyectos no acaben fracasando”

 

En mi aún fascinante y cada vez más apasionante vida profesional, he disfrutado en muchas ocasiones del dulce aroma del éxito y  bastantes más del amargo elixir del fracaso. Quizás, el hecho de conocer de primera mano las dos vertientes me ha dado una perspectiva (ni mejor ni peor que otras, simplemente la mía) sobre cómo entender el caótico mercado del emprendimiento y de la vida profesional, un mercado que no entiende de sueños y aspiraciones ni de talento ni de oportunidades  pero que con toda su cruel realidad, nos azota sin piedad marcándonos con cantidad de cicatrices en el cuerpo, en el alma y como no en el bolsillo.

 

Mi experiencia personal ha sido, un duro camino en el que aprendí que sobre el papel, todos los parámetros y estudios realizados para alguno de mis proyectos fallidos, tenían  en teoría y como mínimo, muchísimas probabilidades de éxito, pero el papel todo lo aguanta mientras que  la realidad es otra y he aprendido que no hay un solo factor determinante para que un proyecto tenga éxito, sino muchos más que no podemos prever ni controlar, aunque el trabajo esté bien hecho y a conciencia.

 

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¡Nunca hay que rendirse!

Creer que solo con mucho esfuerzo, una buena apuesta por el  márquetin, una completa comunicación y presencia en los medios, un buen concepto empresarial y un buen producto, es garantía más que suficiente para alcanzar el  camino hacia el éxito es como dejar que la diosa fortuna o  el Cesar y el público en el Coliseo romano, dicten su sentencia final de muerte o supervivencia, ya que como ocurría con los gladiadores en la arena, tu lucha, valentía, esfuerzo y talento, no son los factores que determinarán el éxito de tu proyecto sino el actual y cruel coliseo llamado mercado un mercado cada vez menos cohesionado en el que intervienen factores culturales y de usos y costumbres diferentes, a tan solo unos pocos kilómetros que separan a una población de otra.

 

Emprender cualquier proyecto comienza con una idea que normalmente creemos buena y con posibilidades. Por norma general un emprendedor medio, suele hacer una serie de estudios de mercado más teóricos que efectivos y razonables, ya que desgraciadamente y debido a sus limitadas posibilidades económicas, esos estudios se suelen basar más en la intuición, sobre lo bueno que es nuestro producto y las necesidades que vamos a cubrir, que en las circunstancias y la realidad del mercado.

Uno de los grandes errores que he cometido como emprendedor es imaginarme que el público objetivo a quien iba dirigido el producto, creería en el tanto o más que yo mismo, antes que valorar con anterioridad, toda una serie de factores ambientales que hay que tener en cuenta antes de convertirlo en una realidad, algo que me llevó en el futuro, a aportar más esfuerzo, trabajo y sacrificios que beneficios económicos.

 

07/11/2014 cartagena eppo cardelo en las instalaciones de la manga club

Eppo Cardelo CEO Bodegas Salvius Foto entrevista Periódico “La Verdad”

 

 

Hay quien cree que reconocer ante el mundo que en una o  en varias ocasiones de tu vida has fracasado es, en España, lo más parecido a hacerse  el Seppuku (Harakiri) o suicidio, en el que admitir el fracaso en uno o varios proyectos que has realizado en tu vida  significa poco más o menos lo mismo que reconocer tu propia incapacidad de ser un profesional, algo que va a jugar en tu contra y va a impedir que nadie más vuelva a contar contigo en el mercado de trabajo.

Para mí el reconocerlo, lleva intrínsecamente ligado a ese reconocimiento, la honradez, la fuerza, el liderazgo, la honestidad y más aún la generosidad de mostrar un conocimiento, una sabiduría y una experiencia para que otros puedan aprender de los errores cometidos o al menos, intentar inspirar un mensaje:

 

“No tires la toalla y persigue tus sueños, pero sigue pensando en los pros y los contras cuando creas que ya lo has pensado todo”

 

 

UN EJEMPLO DE CÓMO FRACASÉ CUANDO TENÍA UN PROYECTO DE ÉXITO

 

Hace unos años me trasladé con mi familia a vivir una nueva vida desde mi Barcelona natal, al sur de España concretamente a la Región de Murcia y más concretamente aún a una zona muy cercana de la ciudad de Cartagena. Un lugar maravilloso, con una historia arqueológica absolutamente dejada de la mano de Dios, con unas posibilidades turísticas infravaloradas e infrautilizadas, con un clima anual espectacular, con una gastronomía maravillosa, con una indolencia y conformismo general lamentable y con unas necesidades hídricas de primer orden debido a la incapacidad e insolidaridad de una clase política española que prefiere que una parte o muchas partes de España se mueran de sed y no se desarrollen mientras ingentes e imponentes cantidades de agua se dejan morir en el mar antes que ayudar a desarrollar zonas de este país necesitadas de eso; de desarrollo.

En plena crisis nacional y como Project manager de interiorismo percibí que mi futuro aquí, no pasaría por la construcción ya que en aquella época y en ese sector profesional no se movía ni un “Ladrillo”,  por lo que decidí que había que reinventarse, formarse y explorar nuevos territorios profesionales que me permitieran crecer como persona y algo tan prosaico pero tan importante como dar de comer a mi familia.

Siendo esta zona de España una tierra que del fruto de sus vides y de la sabiduría de grandes maestros bodegueros, se crean unos caldos (vinos) realmente tan espectaculares como desconocidos, decidí crear un proyecto de pequeña bodega de autor.

 

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Ilusionado y convencido de las posibilidades del proyecto, comencé aireando mi vena creativa y me puse manos a la obra para preparar el proyecto y como no, una de sus partes más importantes dentro de la comunicación y el márquetin, y no tardé mucho en encontrar un nombre para la marca que llevarían los tres vinos (Tinto Monastrell, Blanco Macabeo y un Rosado excelente resultado de la combinación de dos uvas la Garnacha y Monastrell) un nombre que me impactó por su fuerza y por su historia ya que y según conocí, era el nombre de una antigua familia patricia romana de la por tres veces milenaria ciudad de Cartagena, conocida como Salvius.

Pues bien, una vez presentada en el Registro de Patentes y Marcas dos marcas para mis vinos (Salvius y Salvius Dom) y ya en posesión de ellas como propietario, decidí (Una vez desarrollado el proyecto de almacenaje, transporte y distribución y negociación y compra anual de una serie de producciones de uva con una cooperativa local, que me abastecería y a la que estaba obligado a comprar una parte importante de su producción), comenzar a embotellar el producto para su venta. Desde ese momento invertí un capital importante en una vasta y continuada campaña de promoción de los vinos, en prensa escrita y en radio, algo que comenzó a dar sus frutos.

 

En esos momentos el volumen de ventas se disparó y lo que comenzó como un sueño, se convirtió  es una realidad que rebasaba mis expectativas más optimistas, una situación que me hizo creer que no había errado en mi proyecto, pero me equivoqué y comprendí entonces que todo mi esfuerzo, trabajo e inversión económica ya estaba y desde el principio, irremediablemente abocada a morir de éxito.

¿Morir de éxito?… Si.

Desde el primer momento me equivoque, al imaginar que con un buen producto de autor donde no solo vendes vino, sino arte y cultura, con una buena marca, un buen diseño de etiquetas, de cajas y un buen y persistente márquetin y comunicación en radio, prensa o redes sociales, tenía que triunfar con un producto como el vino español de autor que siempre tiene mercado, pero no supe valorar lo más importante a la hora de vender, la clave de la venta y su esencia… “Su público objetivo o cliente”.

En mi caso concreto, y no tengo porque no decirlo, la marca Salvius y el producto, eran de indiscutible calidad, eran unos vinos que gustaban y mucho, tanto a nacionales como extranjeros, por lo que en el sentido de producto, marca, márquetin y comunicación, no me equivoqué en absoluto y fue un éxito total.

El problema fue no conocer y entender la idiosincrasia del mercado local e incluso nacional. Me explico. Salvius era una marca (Lo sigue siendo) que adopté para la creación y venta de unos vinos excelentes con una D.O (Denominación de origen) de una localidad montañosa de la región de Murcia, llamada Bullas (D.O. Bullas), una zona con una tierra y una climatología excelente para crear unos caldos de calidad.

 

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Salvius Rosé . Salvius Monastrell. Salvius Macabeo

 

A la hora de enfrentarme al mercado local y también parte del nacional, percibí tras diferentes catas realizadas para el público en general y para mis posibles clientes en particular, que el vino les gustaba mucho pero tenía cuatro problemas de difícil solución:

1º- Su denominación de origen era D.O Bullas, una gran desconocida incluso para el público de la propia Región de Murcia, aun siendo una zona donde ya y desde época romana se hacía vino.

2º- Incomprensiblemente el público de la región preferían comprar mayoritariamente el producto de la Rioja o de Ribera del Duero antes que comprar el producto de su tierra, una costumbre que imagino que, debida primero por aquello tan español de que “Nadie es profeta en su tierra” y en segundo lugar por complejos más profundos y sociales que acabé comprendiendo, pero que  merecen una explicación mucho más extensa en otro artículo.

3º- Los vinos que mi enólogo creaba, eran unos vinos jóvenes, excelentes, con una fuerza y un sabor excepcional donde los efluvios de sus diferentes aromas y sus diversos matices, marcaba mucho  el sabor de la fruta (Uva), lo que los hacía aptos para degustar y disfrutar en el año, lo que quiere decir que no eran unos vinos de guarda (Para guardar en bodega o en casa), algo que incomprensiblemente se valora menos que un vino semi-crianza, crianza, reserva o gran reserva. Es cierto que cada caldo tiene unas características especiales y que todos los tipos de vino necesitan su tiempo para alcanzar su calidad, pero incomprensiblemente, el español medio, infravalora la calidad de un vino Joven mientras glorifica el vino que lleva un cierto tiempo en barrica y en bodega.

Y por último el precio. Después de todos los costes de inversión, en cuanto a la compra de la materia prima, la producción y creación de los vinos en la bodega, los gastos de compras a proveedores de elementos tan necesarios como botellas de vidrio, tapones, capsulas, etiquetas y cajas de cartón, más su posterior embalaje, transporte y distribución y campañas de publicidad, el precio, aun siendo un producto de autor y de calidad, era más elevado que la media de productos de Ribera del Duero o Rioja, algo que sumado a su infravaloración por ser un vino joven de una D.O no tan conocida, hacía muy complicada la venta a un público objetivo convencido del absurdo de que un vino joven de una D.O poco conocida era sinónimo de poca calidad.

No haber conocido con anterioridad al mercado al que iba destinado mi producto fue un error fatal por el que llevé (Y lo reconozco sin ningún tipo de complejo) a mi proyecto al fracaso.

Pero que nadie se equivoque, porque en realidad tuve éxito y vendí muchos miles de botellas de vino, fundamentalmente en el mercado británico, alemán, noruego y sueco, en cuyos mercados el producto era muy valorado como producto español con un componente histórico artístico que lo hacían muy atrayente, pero esas ventas no eran suficientes como para poder colocar en el mercado la producción anual completa con la que trabajaba y así poder mantener una estructura y un proyecto con resultados beneficiosos para la empresa y mi economía.

 

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Arte, historia, cultura y gastronomía. componentes histórico artísticos complementarios a Salvius. Etiquetas basadas en mis propias obras de arte.

 

Gracias a Dios y a tener las cosas muy claras  no intenté mantener un proyecto que no se podía mantener decidiéndome a cerrarlo y liquidarlo en una semana, sin dudarlo y sin miedo aun sabiendo que había invertido dos años de mi vida en su planificación. No me arruiné, pero si perdí más dinero del que gané, perdiendo y dedicando mucho tiempo y esfuerzo en un proyecto que no dio, fuesen los que fuesen los motivos, el resultado deseado.

Fue una dura  experiencia, ya fuese por el trabajo invertido y por el resultado no deseado, pero gracias a todo lo que trabajé y experimenté, me quedan muchas cosas buenas como la experiencia, el conocimiento y como no, dos marcas de las que soy propietario Salvius y Salvius DOM, que son todavía un activo interesante para venderselas a otra bodega o un día no muy lejano, quizás, vuelva a invertir pero esta vez con un vino y una D.O más reconocida y adaptada a los usos y costumbres de este país.

 

¿Era este proyecto un proyecto exitoso? Sin lugar a dudas Sí.

¿Fracasé? Rotundamente Si

¿Me equivoqué? Si.

¿Me arrepiento? No.

 

Hay una sentencia que me encanta y que escribió el famoso dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht que dice así:

“Hay hombres que luchan un día y son buenos.

Hay otros que luchan un año y son mejores.

Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.

Pero los hay que luchan toda la vida:

Esos son los imprescindibles”

Y los que me conocen bien saben que yo…


“Nunca tiro la toalla”

 

Por ese motivo y desde mi experiencia, me permito deciros que no hay que tener miedo a luchar, no hay que tener miedo a arriesgarse, pero lo que hay que tener es la inteligencia para hacerlo con consciencia, estudiando y analizando muy bien el entorno en el que te vas a pelear, ya que al igual que siendo una persona muy fuerte y valiente no puedes vencer con tu cuerpo a las asesinas fuerzas de la naturaleza, tampoco puedes vencer al mercado en la creencia de que lo que propones por muy bueno que sea, va a ser un éxito simplemente porque tú lo crees así.

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Nada o poco se ha escrito de los cobardes y en la mayoría de ocasiones de los valientes menos y se los olvida muy rápido, pero no hay que tener miedo a enfrentarse al destino de emprender si es eso lo que realmente deseáis pero  no debéis olvidar que el éxito no depende más de que creáis cien por cien en vuestro proyecto sino de aseguraros que el proyecto es viable y el mercado “lo ve atractivo y os lo compra” porque si no, todo el tiempo invertido, todos vuestros sueños, ilusiones, esfuerzo y dinero pueden pasar con la velocidad de un suspiro y comprender más pronto que tarde que:

 

MI ÉXITO… HUELE A FRACASO

 

Eppo Cardelo

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