EL HOMBRE QUE SABÍA DEMASIADO

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Eppocalipsis

Por Eppo Cardelo

Dicen que “En el país de los ciegos, el tuerto es el rey” pero… ¿y si cambiáramos el sentido de la frase? y si haciendo un juego de palabras lo  dejáramos en que “En el país de los tuertos…” ¡el ciego es el rey!…

Claro cualquiera puede decir que esto no tiene ningún sentido. Pero se equivoca, lo tiene y mucho.

Podríamos intentar buscar otras acepciones que combinar como por ejemplo “En el país de los atontaos el más atontao de todos es el rey” o “En el país de los burros el asno…” bueno el asno también es un burro así que el burro sigue siendo el rey.

“El Fantasma y la Sra. Muir”

Como muchos aficionados al séptimo arte os habréis dado cuenta, el título de este artículo es el mismo que da nombre a la película homónima dirigida por el gran director de cine Alfred Hitchcock e interpretada por los no menos grandes actores Doris Dey y James Stewart, una película que a los que no la hayáis visto os recomiendo que lo hagáis pero en su remake estadounidense del año 1956 y a los amantes de las bandas sonoras también os recomiendo que escuchéis su música, compuesta y dirigida por Bernard Herrmann, mi admirado y gran maestro, que trabajó con Hitchcock en muchas de sus películas, tales como Vértigo o Psicosis, Con la muerte en los talones, o con el director Orson Welles en Ciudadano Kane o la guerra de los mundos, o con el también director François Truffaut en Fahrenheit 451, otra de sus impresionantes bandas sonoras.

“Un título te da la capacitación pero no te hace necesariamente apto para ejercerlo”

 Aunque para mí, su obra maestra la compuso para una deliciosa película que también os recomiendo; “El fantasma y la Sra. Muir” una comedia romántica dirigida por Joseph L. Mankiewicz y cuya banda sonora es una delicia para los sentidos (Si os gusta descubrir el verdadero misterio de nuestro espíritu reflejado en la música) y que os recomiendo que os compréis  y que escuchéis de principio a fin viendo como anochece o con los ojos cerrados y como no… aderezando el momento con una generosa copa de vino. Una delicia.

Nadie puede negar, treinta y siete años después de la muerte de  Hitchcock, el gran legado cultural que este gran director ha dejado en la historia, un legado que en el cine de suspense y thriller psicológico y en su reconocido estilo, nadie ha podido superar. Quizás uno de sus mayores defectos es que fuera inglés (Nadie es perfecto “Gibraltar español”) pero gracias a que nació anglosajón, tuvo la oportunidad de mostrar su talento, porque lo tenía, comenzando desde lo más bajo y llegando hasta lo más alto por méritos propios y por una tradición que el mundo anglosajón, a diferencia de lo que ocurre en España, tiene muy clara que es;

 “Apostar por el talento y la capacidad de una persona sin tener en cuenta la edad o lo que diga su trayectoria curricular”

 Desde España, miramos siempre a la cultura anglosajóna con una mezcla de admiración, reproche y un no disimulado complejo de inferioridad y lo cierto es que tenemos motivos para sentirnos inferiores, no porque lo seamos en realidad, sino porque hemos decidido serlo.

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Acomplejados por el síndrome de la inferioridad

España es una nación que atesora lo más rico que tiene este país, de hecho lo único que da sentido a nuestra historia y a lo que somos, y eso  no es otra cosa que nosotros, los españoles. En este país (Como en todos) coexisten individuos con diversas capacidades, desde los que son lo que son y no dan más de sí, hasta personas y profesionales con unas capacidades extraordinarias y de primer orden que están al mismo o superior nivel que muchos otros profesionales anglosajones sin haber estudiado en el MIT, en Harvard o en Cambridge.

Pero España es diferente amigos, si, aunque me fastidie reconocerlo en este país nuestro no se valora el “Valor real” de un profesional si no va acompañado de toda una retahíla de títulos varios que no demuestran en el mundo real (Quede claro que no estoy diciendo que formarse y prepararse no sea necesario para ser un buen profesional, tenemos el ejemplo en los médicos, arquitectos o ingenieros por destacar a profesiones que necesitan de una buena formación y especialización) si estas realmente preparado para enfrentarte a los retos que se te exigen y si cuentas con la aptitud y actitud necesarias para cumplir con el cometido profesional satisfactoriamente. “Un título te da la capacitación pero no te hace necesariamente apto para ejercerlo” ya que en esa situación pueden concurrir diversas circunstancias.

“Conseguir a los mejores para seguir siendo los mejores”

 Hace unos años residí en los EE.UU, más concretamente en la ciudad de Miami, en el estado de Florida y durante mi estancia, tuve la experiencia personal de conocer cuál era la mentalidad Estadounidense con referencia a los profesionales.

En ese tiempo y en diferentes ocasiones, conocí a varios empresarios interesantes los cuales (Y en eso coincidieron todos y por eso puedo hablar con propiedad) al relacionarnos y conocernos se interesaban por mi situación laboral y aun siendo de diferentes ramos profesionales, todos (A su manera) acababan haciéndome la pregunta del millón:

¿Tú serias capaz de trabajar en mi empresa y hacer esto o aquello?

 Si respondía afirmativamente, me ofrecían automáticamente un puesto en su compañía, sin atenerse a títulos o experiencia, simplemente te observaban, te conocían y si les gustaba lo que veían ya te querían contratar. Para ellos no era un problema arriesgarse, ya que si las capacidades que yo decía que poseía, no se cumplían, automáticamente y sin pestañear te ponían de patitas en la calle.

Allí te dan la posibilidad de demostrar lo que dices que vales y si cumples te valoran y te quedas y si no te vas por dónde has venido.

 ¿Por qué los Estados Unidos son la primera potencia mundial? Muchos son los motivos, pero uno de ellos es por su  capacidad  de atraer a su nación, a todo el talento que les pueda aportar valor, sea del país que sea, venga de donde venga y se dedique a lo que se dedique, ellos quieren los mejores recursos humanos y los tienen, y no es solo porque tengan dinero para pagar, si no que tienen la cultura de “Conseguir a los mejores para seguir siendo los mejores”.

No es que en los EE.UU no existan los vagos, los inútiles y los incompetentes, faltaría más, pues claro que sí, pero tienen una idea de nación y una idea de progreso en la que rodeándose del mejor factor humano, siguen estando y lo seguirán estando por mucho tiempo, a la vanguardia mundial en muchos campos, desde la tecnología, las ciencias, las artes, la comunicación y como no nos pongamos las pilas se pondrán al día en la gastronomía.

Desgraciadamente para mí, la aventura americana se acabó ( Aunque sigo abierto a volver) cuando decidí regresar al terruño, a la vieja y añorada España, mi país, donde está mi gente, mi familia, mi cultura, en la creencia de que con todo lo aprendido y con la experiencia profesional que llevaba acumulada durante años, en mi país encontraría y aportaría todo mi valor  ayudando con humildad y en la medida de lo posible a hacer del sitio donde nací, un lugar mejor… y creo honestamente que me equivoque.

Enseguida y recién llegado, comencé a percibir que toda mi preparación y toda mi experiencia profesional, no se convertían automáticamente en un valor del que sacar todo el jugo, ni tan siquiera se percibían mis ofrecimientos (En mi búsqueda de empleo en empresas) como una manera de fortalecer con nuevos sistemas de trabajo al equipo, más bien al contrario parecía que yo era una amenaza.

 ¿Puede resultar el aporte de valor, la profesionalidad, preparación y experiencia una amenaza para una empresa? Pues visto lo visto Si… ¿Por qué? Pues porque no importa el talento, experiencia o sabiduría que un profesional pueda atesorar y sea capaz de aportar dando un valor al equipo, ya que eso puede ser percibido como  una amenaza que ponga en peligro futuro, el puesto de responsabilidad que con tanto ahínco mantienen algunos “Acomodados” que como teóricos profesionales son en realidad personas “Incapaces de ser capaces” y  mantienen (pero no se ganan) su puesto de trabajo con aquello de “Virgencita que me quede como estoy” no vaya a llegar alguien que cambie las cosas y se me acabe el chollo.

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¡No quiero que seas mejor que yo no vaya a ser que me quites el puesto!

 Desgraciadamente, esto es así y muchos profesionales como vosotros, hombres y mujeres bien preparados, habéis sufrido el desprecio y la sinrazón en vuestras carnes.

Eso me recuerda un caso que viví no hace mucho en la ciudad de Cartagena y que fue el que dio pie a que escribiera este artículo. Estoy convencido de que a más de un profesional le habrá pasado lo mismo, que paso a explicaros, lo que demostraría que en este país se mira con recelo a los profesionales que “Saben” demasiado.

Hace unos meses una buena amiga mía se puso en contacto conmigo para hacerme una propuesta de trabajo. Nos vimos y la escuche atentamente. Según me contó, tenía un buen amigo empresario, con el que había trabajado hacia unos años y lo conocía bien. Según me aseguró, era el propietario único de una gran y buena empresa y lo consideraba un buen profesional y una buena persona.

Según fue trascurriendo la conversación, me comento que se había tomado la libertad de hablarle de mí a este empresario ya que este, le había confesado que no daba abasto, que no tenía vida, que estaba desbordado de trabajo y que no sabía cómo solucionarlo.

Como propietario preocupado por su negocio era un profesional multifuncional haciendo las funciones de director gerente y de todo lo que tuviera que ver con la gestión de equipos de la empresa.

¡Dime lo que vales!

Entonces y según ella me explicó, le convenció de lo ventajoso que sería para él conocerme, ya que consideraba que yo cumplía con todas las características que podrían cubrir las necesidades que él y su empresa tenían y que era una buena oportunidad para ambos, convencida, quizás por la similitud en la forma de pensar a nivel profesional, de que sin dudar íbamos a congeniar.

Tras esta conversación y después de concertar (Como buena anfitriona) una cita en su empresa (Previo envío de mi Curriculum) me presenté en sus instalaciones a la hora convenida, pero no para hablar con él (Se encontraba de viaje), si no con el responsable de recursos humanos de la compañía y cuál fue mi sorpresa que (Alguien de entre las ocho o diez personas que allí había) me comenta que este señor se encontraba reunido y que iba a tardar por lo que si me parecía bien, podía volver otro día.

Evidentemente no encuentro de mucha educación el hacerme ir a sus oficinas en fecha y hora convenidas, para (y después de haber recorrido con mi coche cuarenta kilómetros) decirme aquello de “Vuelva usted otro día” por lo que decidí quedarme y esperar el tiempo que hiciera falta para tener esa reunión y conocer si en un futuro inmediato, volvería o no a esas oficinas.

Tras más de ¡Una hora! de espera, se me acercó lo que parecía un operario de la empresa y me dijo que ya podía pasar al despacho del susodicho señor, que ahora sí, tenía a bien recibirme.

Para ganar dinero hay que primero invertirlo

Al momento entré y después de un frío saludo y de una disculpa bastante absurda nos sentamos y comenzamos a hablar, bueno de hecho comenzó nuestra conversación con una frase que creo que no olvidaré nunca y fue esta:

Emmmm…. Bueno Eppo… ehhhhh… he visto tu curriculum y… joder… ¡Es que tienes un curriculum muy grande!

Bueno… -le contesté- eso es bueno ¿no?

Si… bueno… – me contestó sin saber muy bien que decir- ummmm… es que he visto que tienes experiencia como Project Manager y dominas las TIC  (Tecnologías de la información y la comunicación).

Si, y además – inquirí- tengo que decirle que este curriculum está castrado.

¿Castrado?– me pregunto sorprendido.

Si –insistí- castrado, quiero decir que en él, no he reflejado toda mi trayectoria profesional porque necesitaría varias hojas y creo que puede parecer  innecesariamente pretencioso.

 Ya…bueno… veras… – me contesto dubitativo- está muy bien… muy bien… pero deja que le dé una vuelta a esto y…. vamos hablando, aunque como veo que eres un hombre que debe conocer a mucha gente, puedes hablarles de nosotros y traernos los clientes que quieras y ya vamos hablando.

¿Qué yo le traiga clientes? – le conteste sorprendido.

Si bueno… – su cara y su forma de hablar lo decían todo- es que… vamos a ver Eppo, es que tú eres un profesional que vale dinero y bueno a ver, vamos a hacer una cosa… dime… ¡Dime lo que vales!

 ¿Qué yo le diga lo que valgo?– le pregunté- lo primero que tengo que saber, es cuál es su proyecto, cuáles son sus necesidades, la carga de trabajo que ustedes me quieren asignar, el nivel de responsabilidades que tengo que asumir y donde encajo en su proyecto ¿no le parece? Y luego ya hablaremos de lo que valgo –conteste sorprendido-.

Jajaja… ¿no te mojas ehh? – Me contestó satisfecho de haberse conocido a sí mismo-.

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¡Cansado de oir tonterias!

 No se trata de eso –conteste- se trata de que ustedes necesitan a un profesional  en un puesto muy complejo y son los que tienen que decir cuáles son las responsabilidades a cubrir y cuál es su oferta, nada más, yo ya se lo que valgo, pero no he venido aquí para hablar de eso.

 Es verdad  Eppo – contestó- pero lo que está claro es que tú vales dinero y claro… parece que ahora hay más movimiento y más trabajo pero claro… ¡es que tú vales dinero! – me volvió a repetir-.

 ¡Es que el tiempo de pagar a trueque ya pasó caballero! – le conteste sarcástico- aunque no acabo de entender como me hace venir para decirme algo tan obvio como que yo valgo dinero, porque para ganar dinero hay que primero invertirlo ¿no le parece?

¡En eso estamos de acuerdo! – Me contesto como si hubiera descubierto la penicilina- en fin… déjame que le dé una vuelta a todo esto y hablamos.

Ya entiendo – conteste mientras me levantaba de la silla- pues nada, gracias por atenderme, ha sido un placer y como usted bien dice vamos hablando.

Todo lo demás… ya es historia.

¿Falta de respeto? Si, y de educación también por hacerme ir y luego intentar no recibirme.

¿Pérdida de tiempo? Si por supuesto, tuve que hacer 40 Km de ida y 40 Km de vuelta para escuchar cosas fuera de toda lógica.

¿Poca profesionalidad? Si, ninguna profesionalidad.

¿Era una amenaza para este Sr.? No pero él tuvo que pensar que sí.

¿Era para esta empresa una amenaza? No, todo lo contrario, era una oportunidad de valor a la que se le cerró la puerta por el  temor y el miedo absurdo de tener a alguien preparado (Quizás más que el) en un puesto de responsabilidad de la empresa, por la inquietud  de que un recién llegado, pudiera cambiar su cómodo estatus de confort y le diera más trabajo que asumir.

Sinceramente no entiendo como el mundo de la gerencia empresarial en España tiene a nivel general una calidad tan baja.

 En una nación como la nuestra en la que se penaliza la inteligencia, en donde se critica el talento, en donde se minusvalora el esfuerzo y en donde con la velocidad de un rayo se olvida el trabajo que muchas personas realizan para ser cada día mejores y ofrecer lo mejor de sí mismos, en donde el mundo es al revés y se castiga a los buenos mientras se premia a los malos solo nos queda una solución:

 Levantad la cabeza y reivindicar vuestra grandeza con orgullo, seguid demostrando lo mucho que valéis y si os tenéis que marchar de este “País de sombras” hacedlo y marcharos donde se os valore y se os trate con el respeto y el honor que os merecéis, porque aunque no se os reconozca sois lo mejor que tenemos.

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El Fantasma y la Sra. Muir

 Yo creo en los ángeles de la guarda y sé que todos tenemos uno como en la película que os comente al principio “El fantasma y la Sra. Muir”, un fantasma bueno que nos cuida y que nos ama y que algún día hará justicia a todas las personas que como vosotros sois leales, tenéis valores, os esforzáis y dais más de lo que recibís y aunque tristemente y en el sentido de valorar las cosas con pragmatismo, España no es un país anglosajón, continuareis luchando por demostrar todo lo mucho que valéis aunque para este país de burros, ciegos y donde las cosas se hacen al revés, vosotros, al igual que yo seguiremos siendo:

El hombre que sabía demasiado

Eppo Cardelo

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